Y su vida se escurrió entre mis manos, al igual que el agua retenida con las mismas. - Ayúdame Dios, le dije. No le hagas más sufrir, - si este es el momento por favor que sea rápido, continué.
- Tata, tatita, despierta. Mírame, le hablaba y gritaba a medida que no recibía respuestas. Observe sus ojos idos, distorsionados, hacia el cielo. De color gris se percibían, dándome a entender que su alma se escapaba entre los últimos suspiros proveniente de su boca, la cual mostraba los últimos indicios de esta lucha agotada, en donde la enfermedad había sido victoriosa. Entre mis piernas y brazos perdió sus últimos respiros, su cuerpo se torno pesado y la calidez de su cuerpo era absorbida por el parquet. Lo abrace entre rezos y lágrimas, suplicando por su alma, su tranquilidad. Confundida por la situación quise escuchar sus respiros, pero mi nerviosismo me lo impedía, no escuchaba su respirar, tampoco sus latidos. Intente tomar su pulso, pero mi cuerpo emanaba pulsaciones por millones, sentía solo el latido de mi corazón entre mis dedos. Luego de unos minutos la respuesta estaba en mi cabeza. Y le dije a ella: - Ya dejo de respirar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario