domingo, 24 de julio de 2011

Una noche como aquellas

La noche sobre nuestros hombros era el indicio de una velada sin destino. Nuestra reunión comenzaba con un epic fail para ver una película de moda en el cine, y he caído en la realidad que hace años que había visitado por última vez una sala. Los cines que en mi recuerdo se mantenían, ya no existían. Y la exclusividad de la temporada dejaba ver entre las filas de la caja, a pequeños querubines infiltrados para ver las funciones en cartera. Cambiamos los planes y decidimos ir a pasar el gusto amargo del intento fúnebre de ver una película a un bar de poca monta, pero tan frecuentemente que sus bolsillos se llenan de nuestro dinero fácil, que solo se sacia con licores baratos.
Mucha gente, mesas llenas. Ya estaba creyendo que el mundo había generado un complot en mi contra para que nada sucediese bien. Una luz brillo en el incomodo momento que podríamos vivir, o esa luz me llevo a un momento incomodo que tal vez podría haber evitado. Introspectivamente he evitado pensar en ello, porque desconozco si fue positivo o no. Pero que sea lo que fuese, ya en el pasado este. Un día ya transcurrido, una página dada vuelta.
 Feminismo, ultra feminismo sobre la mesa, los comentarios gritados a viva voz sobre las injusticias de la humanidad contra la mujer, y el machismo dominado el mundo. Temas tan irrelevantes como la misma existencia de Margarita Pizarro, Ama y señora de sus lacayas que la siguen.

.... Continuara.

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